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| Dibujo de Sigmund Freud |
No sé si se trate del más sobrevalorado, del más odiado o del más respetado… pero sin duda alguna, Sigmund Freud es el nombre más mencionado cuando se habla de psicología. Para bien o para mal, su figura sigue estando en el centro del debate, de las clases, de los libros de introducción, de las peleas entre enfoques y hasta de los memes.
Y es que Freud no fue un psicólogo, ni un filósofo, ni un neurólogo en el sentido tradicional. Fue todo eso y algo más: fue un pensador incómodo, contradictorio, provocador. Sus ideas no entraban fácilmente en las universidades, pero tampoco salían fácilmente de la cabeza de quienes las escuchaban por primera vez.
El padre del psicoanálisis no se limitó a estudiar la conducta observable. Se fue a lo profundo, a lo oculto, a lo que no se dice pero se piensa. Nos habló del inconsciente, de los sueños, de la represión, de los traumas infantiles, del deseo sexual y de la culpa. Es decir, nos metió en una sala oscura con un sofá y nos pidió que habláramos… de todo.
Ahora bien, ¿qué tanto de Freud seguimos usando hoy? ¿Hasta qué punto su teoría sigue vigente y qué tanto fue descartado por otras corrientes? La respuesta no es tan simple. El psicoanálisis, como teoría y como práctica, ha evolucionado muchísimo desde Freud, y muchas de sus ideas han sido matizadas, corregidas o reubicadas. Pero su influencia está tan incrustada en la cultura que hasta quienes no lo han leído hablan como si lo hubieran hecho.
Freud nació en 1856, en Freiberg (actual República Checa), y murió en 1939 en Londres, exiliado por el nazismo. Su vida transcurrió en una Europa convulsa, marcada por el fin de los imperios, la industrialización, las guerras mundiales y el cuestionamiento a la religión y la moral burguesa. En ese contexto, hablar de sexualidad infantil, del complejo de Edipo o de los impulsos reprimidos era casi como lanzar una bomba.
Pero Freud la lanzó, y los escombros todavía se analizan. Su teoría se basaba en que gran parte de lo que somos no está en lo que decimos o creemos ser, sino en eso que no recordamos, que reprimimos, que disfrazamos. El inconsciente era, para él, el verdadero motor de la conducta humana.
Claro, también tenía una obsesión (bastante cuestionada) con la sexualidad. Muchas de sus interpretaciones giraban en torno a impulsos sexuales, a los deseos edípicos y a las frustraciones de la infancia. Esto le ha valido críticas, burlas y memes sin fin. Pero también es cierto que fue de los primeros en hablar del papel de la infancia en el desarrollo de la personalidad, mucho antes de que eso se volviera sentido común.
Ahora bien, no todo en Freud fue sexo y sueños. También planteó estructuras como el ello, yo y superyó, formas de entender el conflicto interno, la lucha entre nuestros deseos primarios, nuestras decisiones conscientes y las reglas impuestas por la sociedad. Y sí, también tuvo muchas contradicciones, ideas que parecían geniales en un momento y otras que ni sus propios discípulos se atrevieron a seguir.
Uno de los mayores aportes de Freud fue colocar en el centro de la psicología la subjetividad humana. Nos obligó a mirar hacia adentro, a dudar de nuestras certezas, a reconocer que muchas veces no sabemos por qué hacemos lo que hacemos. Y eso, aunque hoy se diga de otras formas y desde otras teorías, sigue siendo valioso.
También es importante señalar que Freud no trabajó solo. Tuvo discípulos, seguidores y opositores. Algunos de ellos, como Jung, Adler o Lacan, tomaron partes de su pensamiento y las transformaron radicalmente. Es decir, el psicoanálisis no es un monolito, sino un conjunto de ideas en constante debate, lo que hace aún más interesante estudiar su origen.
¿Es Freud un genio incomprendido, un charlatán con buena pluma o un visionario con puntos ciegos? Probablemente todo a la vez. Lo cierto es que no se puede estudiar psicología sin pasar, aunque sea brevemente, por el diván de sus ideas. Tal vez no para quedarnos en él, pero sí para entender por qué muchos aún lo usan, lo critican o lo citan (aunque no siempre correctamente).
Esta es solo la primera parte. En la siguiente, me gustaría hablar más sobre los conceptos clave del psicoanálisis, algunos de sus casos más famosos y las críticas más relevantes que se le han hecho. Porque si algo tiene Freud, es que nunca deja de dar de qué hablar.
Por Jorge
psicologia sociedad educacion Twittear